CONMIGO EN LA DISTANCIA
Me encanta diciembre. Allá, porque cambia la luz y llegan los primeros friítos. Aquí, porque comienza -¡al fin!- a calentar un poco el sol. Pero, sobre todo, me pone contento este mes porque es mi cumpleaños. Sin contar, además, que están las Navidades, los intercambios de regalos, la despedida del año... En fin, hay que festejar.
Voy a tomarme dos o tres cervezas aquí mismo. Claro, tengo que controlarme, porque después no hay quién aguante a Lalita. Esa chilena tiene malas pulgas. La última vez me escondió la ropa casi un mes y me estuvo dando arroz y huevo frito durante una semana, la pobre... Es muy buena, la verdad, pero cuando se encabrona... ¡es de madre!
Hay poca gente. voy a aprovechar.
-¿Quién es el último en la fila?... Ah, voy detrás de usted.
Todo el mundo está contento. Me gustan estos lugares, porque uno hace amigos enseguida. Dicen que los chilenos son fríos, grises, retraídos. Sin embargo, yo me he fijado que cuando comparten tomando alcohol, se vuelven como nosotros, sociables, jaraneros, ocurrentes... Por ahí viene otro que decidió lo mismo que yo; seguro se pone detrás de mí en la fila.
-..Sí, yo soy, pero el penúltimo. El último es usted., que llegó ahora... Parece que no entendió el chiste. Hay gente así. Quizás ahorita se ríe como un bobo...
¡Qué bueno está esto!... Esos tipos están cantando a todo pulmón. En cualquier momento se quedan roncos... ¡Qué rico! Sinceramente, no tengo de qué quejarme: conseguí trabajo (no será de dibujante técnico, pero haciendo relaciones, quizás algún día explote mi título. Además, como ayudante de albañil puedo aprender otro oficio). Y si sigo así, a lo mejor en un año más ahorro para ir a Cuba. ¡Eso! ¡Poder llevar a mi araucana a que coja sol de verdad, que se bañe en la playa sin congelarse... ¡Ah, qué rico!... Y estar desnudos en la cama sin resfriarnos, que no se preocupe de la marca de la ropa que se ponga, que salude a los vecinos con ganas...! Pero todo eso es mierda. Lo importante es que vea dónde me crié, conozca a la familia, a mis amigos... ¡Eso va a ser riquísimo! Y mientras tanto, pasarla bien aquí, y gozar y vacilar aquí cada vez que se pueda. En un final, la patria la hace uno mismo donde quiera que esté. ¡Eso!... ¡Ojalá todos mis cumpleaños acá los pasara así!... Ah, ya me toca...
- Dos cervezas y un vaso, por favor.
...Para mí que el cantinero se dio cuenta de que hoy es un día especial y que quiero festejar por todo lo alto... Me miró con una sonrisita más extraña...
¡Ah, la cerveza!... ¡Si Lalita me viera! Ella que siempre me dice: "¡No, que tú, que se yo, que se cuando!"... Y cuando me paro firme y le contesto, me lanza su frasecita de siempre: "Ven acá, poh huevón, no te hagas el choro que tú siempre has sido un pasma´o. Cuando me enteré que eso quería decir que para ella yo no era un jodedor de la calle, me reí (no en su cara, pero lo hice). ¡Porque, caballeros, todo el mundo sabe que los cubanos somos buenos para el trago, el baile, la cama!... ¡Qué inocente es mi chilenita!
Lo único malo es que estoy tomando solo... Pero no importa, cuando me tome otro par de cervezas más, me pongo a cantar con esa gente. ¡Porque además, esa canción es de mi Tierra... "¡Contigo en la distancia! ¡Amada mía! ¡Essstoooyyyy...".
¡Me salvé, creo que conozco a ese que viene por ahí!... Sí, ese es el novio de la compañera de trabajo de Lalita, el que conocí en la fiesta de la empresa. ¡Qué pesado fue ese día! Tuve que responder miles de preguntas. Que cuánta gente está con Fidel, que si cómo salí, que si puedo virar. Los chilenos siempre preguntan lo mismo. ¡Y uno se mete en líos por gusto! Porque nunca se queda bien con nadie. La derecha me dice que me vaya porque puedo ser un terrorista-guerrillero y la izquierda me echa porque debo estar en La Isla con mi gente, ayudando a construir aquello. ¡Ya decidí no hablar más de política!... Y este compadre, ¿era de Pinochet o de Allende? No me acuerdo. Tampoco me acuerdo de su nombre... Piensa, chico... Lo voy a invitar a un par de cervezas... ¡Ah, sí! Se llama Robertico, creo... Parece que empezó hace rato, porque no viene muy derecho que digamos...
-¡Eh, Roberto! ¿Y qué?
-¿Qué Roberta de qué, poh huevón?
(Qué risa no entendió bien).
-Roberto, compadre...
-¿Cómo Roberta...? ¿Qué te pasa a ti, huevón?
-...Le dije Roberto, compadre...
-Ven acá, poh huevón, ¡¿tú quieres ver cómo te saco la cresta, huevón?!
- ¿La qué...? Mire, usted. no entiende, yo...
-¡Arriba, huevón! ¡Se armó aquí mismo, huevón! ¡Dime Roberta otra vez si tú eres hombre, huevón!
-...¡¿Pero este hombre está loco?!... ¡Oiga, usted que estaba ahí, oyendo, ¿yo no le hablé correctamente a este señor?... Ah, ¿no sabe?...
¡Qué va, yo me voy!... Así que uno viene aquí a tomarse dos tragos, porque es su cumpleaños... ¡porque me da la gana!, y se aparece un tipo de estos... ¡Le meto el vaso por la cabeza! ¡Aunque me quiten la visa y me manden de regreso!... Que si Roberta, que si... ¡Le zumba!... ¡Ahora voy a tomarme otra cerveza!... Pero, por mi madre, si el cantinero comemierda ese me echa otra risita rara de esas, ¡lo saco de atrás del mostrador!... ¡Coño, chico! ¡A los cubanos no se les puede hacer eso!... ¡Qué va, yo no me puedo quedar así!... Tengo que descargar. ¡Si llego a la casa ahora le digo cuarenta cosas a Lalita, si me sale con un regañito!... Aunque, claro, eso no me conviene...
Por eso no me voy de aquí hasta que alguien sepa quién soy yo...
Tú verás... ¡Se puso fatal el grandísimo ese que viene por ahí!...
-¡Adiós, Margarita!
-¿Eh?... ¿Eso es conmigo, huevón?
-¡Sí, contiga misma! ¡Huevona!
-¡Aah, sí... ¡Ehhh!... ¡Te veo bien! ¡Sigue, sigue así! ¡Échate otra a mi nombre, mi amigo, porque yo me tengo que ir...! (Decirme Margarita, qué simpático el huevón este).
-¡Ay, cará!... Voy echando para casa. Mira la hora que es... Creo que Lalita tiene razón, yo no soy gente para esto. Ya está cayendo la noche, y se está metiendo un frío de madre.
-Roberta, ni Roberta...